La salud mental como prioridad de salud pública

La salud mental como prioridad de salud pública

En los últimos años, la manera de comprender la salud ha cambiado significativamente. Ya no se considera únicamente la ausencia de enfermedades físicas, sino que también se reconoce la importancia del bienestar psicológico, emocional y social. En este contexto, la salud mental ha adquirido un papel fundamental y se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la población. El Ipsos HealthServiceReport 2024, realizado en 31 países, evidencia este cambio al señalar que el 45 % de las personas encuestadas considera la salud mental como uno de los principales problemas de salud, frente al 27 % registrado en 2018.

La pandemia por COVID-19 contribuyó a visibilizar aún más esta problemática. El aislamiento, la incertidumbre, las pérdidas familiares, las dificultades económicas y los cambios en las rutinas afectaron el bienestar emocional de muchas personas. Mientras la preocupación por el coronavirus disminuyó después de los años más críticos de la pandemia, la preocupación por la salud mental aumentó de 31 % a 44 % entre 2021 y 2023. Esto demuestra que las consecuencias de una crisis sanitaria no son únicamente físicas, sino que también pueden permanecer en el ámbito emocional y psicológico.

El informe también evidencia diferencias importantes entre hombres y mujeres. El 51 % de las mujeres considera la salud mental como uno de los principales problemas de salud, frente al 40 % de los hombres. Esta diferencia es aún mayor entre los jóvenes de la generación Z, donde el 55 % de las mujeres manifiesta esta preocupación frente al 37 % de los hombres. Estos resultados resaltan la necesidad de generar espacios seguros donde las personas puedan expresar sus emociones y buscar ayuda sin temor a ser juzgadas.

Junto con la salud mental, el estrés constituye otra preocupación importante. El informe lo ubica como el tercer problema de salud más mencionado, con un 31 %, después de la salud mental y el cáncer. Las exigencias laborales, familiares, económicas y sociales pueden generar una acumulación de tensión que afecta la calidad de vida. Por ello, el estrés no debería ser visto simplemente como algo que las personas deben soportar, sino también como una señal que puede indicar la necesidad de realizar cambios y buscar apoyo.

Sin embargo, existe una brecha entre la importancia que la población concede a la salud mental y la capacidad de los sistemas sanitarios para responder a estas necesidades. El 64 % de los encuestados considera que su sistema de salud se encuentra sobrecargado y el 46 % identifica el acceso a los tratamientos y los largos tiempos de espera como uno de sus principales problemas. Esta situación puede dificultar que las personas reciban atención psicológica de manera oportuna, especialmente cuando atraviesan momentos de mayor vulnerabilidad.

Por esta razón, la atención en salud mental debe ser no solo accesible, sino también humana. Escuchar, respetar, orientar y comprender el contexto de cada persona son elementos fundamentales para una atención de calidad. En 2024, solo el 44 % de los participantes calificó como buena o muy buena la calidad de la atención sanitaria que recibe, frente al 53 % registrado en 2021. Estos resultados invitan a reflexionar sobre la necesidad de fortalecer los servicios y, al mismo tiempo, mejorar la experiencia de quienes buscan ayuda.

En este sentido, la prevención debe ocupar un lugar central. Promover la educación emocional, fortalecer las habilidades para afrontar situaciones difíciles y facilitar el acceso a orientación psicológica puede ayudar a detectar tempranamente situaciones de riesgo. Asimismo, los centros educativos, los lugares de trabajo y la comunidad pueden convertirse en espacios importantes para promover el bienestar psicológico y reducir el estigma asociado a pedir ayuda.

En el contexto peruano, el informe incluye al país dentro de los 31 participantes, lo que permite observar nuestra realidad desde una perspectiva internacional. Aunque estos resultados no explican por sí solos toda la situación nacional, sí permiten reconocer la importancia de continuar fortaleciendo la promoción, prevención y atención de la salud mental.

En conclusión, la salud mental se ha convertido en una prioridad de salud pública y en una necesidad que no puede ser ignorada. Las cifras muestran una creciente preocupación de la población, pero también evidencian la necesidad de contar con servicios más accesibles, oportunos y humanizados. Cuidar la salud mental implica comprender que detrás de cada cifra existe una persona con emociones, preocupaciones y necesidades particulares. Por ello, el verdadero desafío no consiste únicamente en hablar más sobre salud mental, sino en construir una sociedad donde buscar ayuda sea entendido como un acto de cuidado y no como una señal de debilidad.

Fuente: Ipsos. (2024). Ipsos HealthServiceReport2024: A 31-Country Ipsos Global AdvisorSurvey. September 2024.

Autora: Jackeline del Pilar.

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